Ráquetbol en Guatemala, una historia de perseverancia que conquistó el mundo
De las primeras canchas y los sueños de un grupo de pioneros hasta las grandes conquistas internacionales, el ráquetbol guatemalteco ha construido una historia de esfuerzo, disciplina y generaciones que encontraron en el deporte una oportunidad para trascender.
Hay historias que comienzan con una visión compartida y terminan convirtiéndose en un legado para todo un país. La del ráquetbol en Guatemala es una de ellas. Lo que nació del entusiasmo de un grupo de deportistas fue tomando fuerza hasta convertirse en una disciplina capaz de llevar el nombre de Guatemala a los escenarios más importantes del mundo.
Detrás de cada medalla, cada encuentro y cada triunfo existe una historia de constancia, sacrificio y confianza en el talento nacional. Una trayectoria construida por atletas, entrenadores y dirigentes que comprendieron que los grandes resultados comienzan mucho antes de llegar al podio.
Los primeros pasos de una historia que comenzaba a escribirse
Los antecedentes organizativos del ráquetbol guatemalteco se remontan a finales de la década de 1980, cuando comenzó a tomar forma la idea de establecer una asociación que impulsara su desarrollo y participación en competencias internacionales.
En 1989, un grupo de socios del antiguo Club Cabaña del Hotel El Dorado unió esfuerzos para conformar oficialmente la primera Asociación de Ráquetbol del país. Su primer Comité Ejecutivo estuvo integrado por Gonzalo Dardón, Thomas Quezada y Alfredo de la Oz, quienes contribuyeron a sentar las bases de una disciplina que comenzaba a abrirse camino en el deporte federado.
Aquella iniciativa no solo representó un paso organizativo. Significó la posibilidad de formar atletas, crear oportunidades competitivas y construir una identidad deportiva propia.
En 1990 se integraron las primeras selecciones nacionales. El equipo masculino estuvo conformado por Juan José Salvatierra, Carlos Zimeri, Sergio Lou, Horacio Rodríguez y Steven Holmes. Por su parte, la selección femenina reunió a Lucy de Zachrisson, Denise Leal y Lucy Leonowens.
Sus nombres forman parte de los primeros capítulos de esta historia. Fueron protagonistas de una generación que asumió el desafío de representar a Guatemala cuando el ráquetbol todavía buscaba consolidar su lugar dentro del deporte nacional.
El 22 de mayo de 1991 marcó otro momento decisivo: la Confederación Deportiva Autónoma de Guatemala (CDAG) reconoció oficialmente a la Asociación de Ráquetbol mediante el Acuerdo Número 087/91-CE-CDAG, aprobando sus estatutos y fortaleciendo su estructura institucional.
Un año después, en 1992, la Asociación trasladó su sede al Club La Villa, en la zona 14 de la Ciudad de Guatemala, un espacio que posteriormente tendría un papel importante en la formación de nuevas generaciones.
Las primeras medallas: cuando la perseverancia comenzó a dar frutos
El crecimiento del ráquetbol guatemalteco pronto empezó a reflejarse en los resultados internacionales.
En los Juegos Deportivos Centroamericanos de 1990, celebrados en San Pedro Sula, Honduras, Guatemala conquistó sus primeras dos medallas de bronce. Aquellos reconocimientos representaron mucho más que posiciones en el podio: fueron una señal de que el país tenía talento y determinación para competir.
En 1994 llegaron dos medallas de plata y una de bronce. Tres años después, en los Juegos Centroamericanos de San Pedro Sula 1997, la delegación nacional alcanzó tres medallas de oro y dos de plata, confirmando el crecimiento competitivo de la disciplina.
La historia continuó ampliando sus horizontes. En 1998, Guatemala participó por primera vez en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en Maracaibo, Venezuela, donde obtuvo una medalla de bronce.
En 1999 llegó otro paso significativo con la primera participación en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, donde se alcanzó un quinto lugar.
Cada resultado representaba una nueva oportunidad para aprender, superar límites y demostrar que el esfuerzo sostenido podía transformar las aspiraciones en conquistas.
En 2001, cuando Guatemala fue sede de los Juegos Deportivos Centroamericanos, el ráquetbol nacional vivió una destacada actuación al conquistar cuatro medallas de oro. Al año siguiente, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de San Salvador 2002, sumó dos medallas de bronce.
Los triunfos comenzaban a consolidar una trayectoria, pero el mayor desafío seguía siendo asegurar que las nuevas generaciones encontraran oportunidades para continuarla.
Formar atletas, construir futuro
El año 2007 marcó una etapa fundamental en el desarrollo del ráquetbol nacional con la apertura de la Academia de Ráquetbol en el Club La Villa.
La iniciativa surgió como parte de un programa impulsado por el Comité Ejecutivo presidido por el doctor Estuardo Wer Ponce, mediante un acuerdo con el club para fomentar la práctica de este deporte y ampliar sus oportunidades de formación.
Bajo la dirección del entrenador Juan José Salvatierra Castro, la Academia se convirtió en un espacio para descubrir talentos, desarrollar habilidades y transmitir valores esenciales como la disciplina, el respeto, la responsabilidad y la perseverancia.
Salvatierra, cuya trayectoria como atleta y entrenador abarca más de tres décadas, ha sido parte importante del crecimiento de esta disciplina en Guatemala. Su labor recuerda que detrás de cada deportista que alcanza grandes resultados también existe el acompañamiento de quienes dedican su vida a enseñar, orientar y creer en las capacidades de otros.
Los frutos de ese esfuerzo comenzaron a hacerse visibles en 2008, cuando una joven atleta llamada Ana Gabriela Martínez conquistó una medalla de oro en la categoría de ocho años de un Campeonato Mundial Juvenil.
Aquel resultado representó el inicio de una trayectoria que años después llevaría al ráquetbol guatemalteco a una de sus mayores conquistas.
Ana Gabriela Martínez: el talento que llevó a Guatemala a la cima del mundo
En agosto de 2018, el ráquetbol guatemalteco escribió una de las páginas más memorables de su historia.
Con apenas 19 años, Ana Gabriela Martínez conquistó el título mundial en el XIX Campeonato Mundial de Ráquetbol, celebrado en Costa Rica.
En la final enfrentó a la mexicana Paola Longoria, una de las figuras más reconocidas de esta disciplina, quien llegaba como número uno del mundo y tricampeona mundial.
La victoria de Martínez trascendió el resultado deportivo. Representó años de entrenamiento, decisiones difíciles, sacrificios personales y una convicción que había comenzado a construirse desde la infancia.
Aquella niña que años atrás había dado sus primeros pasos competitivos se convertía en campeona mundial, demostrando que los sueños pueden crecer hasta alcanzar dimensiones extraordinarias cuando encuentran oportunidades, preparación y perseverancia.
Su trayectoria también se ha distinguido por sus participaciones y resultados en los Juegos Mundiales (World Games), donde ha continuado proyectando el talento guatemalteco.
Su historia es testimonio del poder transformador del deporte: una muestra de cómo la disciplina y el compromiso pueden convertir el potencial de una persona en inspiración para nuevas generaciones.
Santo Domingo 2026: un legado que continúa creciendo
La historia del ráquetbol guatemalteco sigue sumando capítulos.
En los XXV Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, la delegación nacional volvió a demostrar su nivel competitivo al conquistar seis medallas.
Ana Gabriela Martínez encabezó esta actuación con tres preseas de plata, reafirmando su lugar entre las grandes figuras del deporte nacional y dando continuidad a una historia que comenzó décadas atrás con los primeros pioneros.
Estos resultados representan mucho más que una cosecha de medallas. Son el reflejo de un proceso construido a lo largo de generaciones, de la experiencia transmitida por los entrenadores y del compromiso de atletas que continúan encontrando nuevas metas por alcanzar.
Cada triunfo es también una oportunidad para reconocer a quienes abrieron el camino y recordar que los grandes logros deportivos rara vez son obra de una sola persona: son el resultado de esfuerzos compartidos que trascienden el tiempo.
Un legado que inspira a las nuevas generaciones
La historia del ráquetbol en Guatemala demuestra que el verdadero valor del deporte no se mide únicamente por las medallas conquistadas, sino también por las oportunidades que genera, las personas que forma y las huellas que deja en la sociedad.
Desde aquellos primeros dirigentes y seleccionados nacionales hasta las nuevas generaciones que hoy representan al país, esta disciplina ha construido un legado de compromiso, superación y trabajo en equipo.
En el Museo del Deporte de Guatemala, preservar estas historias significa reconocer que cada logro tiene un origen, que detrás de cada atleta existe un camino de aprendizaje y que cada generación tiene la oportunidad de continuar lo que otras comenzaron.
Porque las medallas reconocen una victoria, pero son los valores, las enseñanzas y las historias humanas los que permiten que esa victoria trascienda.
Desde Guatemala, una huella para la historia.
Fuente: Asociación Nacional de Raquetbol


